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Tercera
Etapa Socialista
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Me he referido muchas
veces a la vergüenza que supone presenciar una sesión de control en el Congreso
de los Diputados. Es un fenómeno incalificable que cada vez va a más. Ya no me
atrevo a pronosticar lo que nos queda por ver. Acusaciones falsas, insultos,
muy malas formas; y lo peor de todo nada de debatir los problemas que afectan a
los ciudadanos. No se habla de economía, ni de modelos tributarios, ni de
relaciones con las comunidades autónomas, ni de sanidad, ni de sistemas
educativos, ni de posición de España en el mundo. Nada de nada.
Y si se toca algo de
esto, no es para analizarlo, ni para hacer propuestas que lo mejoren, no; es
para justificar acusaciones como que “ustedes son una banda de ladrones”. Se
habla de corrupción para poner en el tapete quien es más corrupto, para acusar
de corrupción, quien no está libre de ella. Pero nunca se habla de aportar
medidas que acaben de una vez por todas con esta lacra. Parece que interesa que
haya corrupción para así tapar la mía, y utilizarla como arma de ataque al
adversario. De la misma manera que interesa que ETA siga presente; si ETA no
existe, no se puede acusar al adversario de ser amigo de terroristas.
Ahora aparece algo
nuevo: Abucheos, y golpes en la mesa, para que no pueda hablar el interviniente.
Por cierto: lo que si viene siendo habitual es oír gritos, voces inoportunas
para interrumpir a quien está en el uso de la palabra. Una presidencia del
Congreso que tiene que estar permanentemente llamando la atención a alguna “señoría”
para que guarde silencio, y llamarle al orden.
Y para cerrar el círculo
de la indignidad, de lo insoportable, de lo intolerable, aparece una diputada
diciendo: “¿Tiene el presidente del Gobierno un problema de salud; Vds. que
presumen de transparencia, desclasifiquen su historial médico? No quiero ni comentarlo.
Lo dejo ahí. Pero quiero terminar apuntando que este ambiente de polarización,
de crispación, de mala educación, encierra también un sesgo de cobardía. Todo
esto dicho fuera del Congreso de los Diputados, es denunciable, puede el ofendido
acudir a los tribunales. Pero si se dice en el Congreso de los Diputados, sus “señorías
gozan de inmunidad parlamentaria” y no se puede denunciar. Visto lo visto,
¿sería procedente suprimir esta, mal utilizada inmunidad?
Julio García-Casarrubios Sainz
http://juliocasarrubios.blogspot.com
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