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Tercera
Etapa Socialista
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Palabra maldita donde
las haya. Desde que el Congreso de los Diputados aprobase la “Ley de la Amnistía”
el 30 de mayo de 2024, se ha hablado y se ha escrito tanto; se han dicho tantas
barbaridades. Y como no podía ser de otra manera, la amnistía no iba a ser la excepción,
se ha utilizado como herramienta para perseguir el único objetivo que se ha
marcado la oposición: Echar al Gobierno progresista de Pedro Sánchez. Así, la
amnistía ha quedado como aquello desconocido, que poco importa; y que, por ello
se hace necesario hablar de la amnistía.
No se oye analizar lo
que ha significado la amnistía en la historia, como se ha utilizado, o qué
consecuencias se obtuvieron de ella. No. La amnistía es “un golpe de Estado” es
“premiar a los delincuentes”. No. No se debate si es beneficiosa o perjudicial,
ante un determinado conflicto. La amnistía se ha transformado en un eslabón más,
de esa cadena imperdonable para un gobierno, que no tiene otra salida que
marcharse. Ha servido en el quehacer político, mediático y judicial, para
trabajar en ese objetivo último que no es otro que salvar a España de este
gobierno.
No ha habido en
España, ni en el mundo, conflicto en el que, para su solución, no haya intervenido,
de una forma o de otra, la amnistía. La amnistía ha estado siempre presente en
la finalización de un conflicto. Ha sido siempre muy útil para el camino de la
paz y la convivencia. Y en nuestro caso ya no puede utilizarse bajo el paraguas
de una mentira: Es constitucional, lo ha dicho el Tribunal Constitucional.
Respeta los derechos humanos, según sentencia del Tribunal de Venecia, y ahora,
el Alto Tribunal Europeo, confirma que se ajusta al espíritu europeo de unir a
los pueblos.
El procés, fue una
equivocación, fue un disparate de tal magnitud que hubo que cortar de inmediato.
Vale. Pero, transcurrido un tiempo prudencial había que plantearse una solución
de futuro para que Cataluña estuviese integrada en España, como única salida. La
estrategia de “a por ellos”, y llenar los balcones de banderas de España, no era
la solución. Se había llegado a un preocupante 48 % de catalanes que no querían
pertenecer a España. Hoy con diálogos, acercando posturas, e introduciendo el perdón,
hemos pasado de ese 48 % a un 17 % de independentistas. Una vez más para la
historia, el diálogo y el perdón han sido el camino para una paz definitiva,
que nunca debió romperse. La amnistía no es palabra maldita.
Julio García-Casarrubios Sainz
http://juliocasarrubios.blogspot.com