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Tercera
Etapa Socialista
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Realidad
o ficción. Es difícil saberlo porque, si es verdad que pretendemos llevarlo al
teatro, no lo es menos que lo estamos viendo en “La Divina Comedia”, o si lo
prefieren en “La vida cotidiana”. Esa vida cotidiana programada en el barro más
pestilente y en la más mala educación. Pero volvamos al patio de butacas. A ver
que nos muestra el Dante Alighieri de hoy, no el de hace ocho siglos. Se
levanta el telón: vista panorámica de la Puerta del Sol de Madrid. Color de rafia,
color de camping, color de buen rollo, color de preocupación, color de cambio,
color de esperanza.
Sí.
Hay preocupación, hay ánimo de lucha; el caso no es para menos; pero se ha
organizado con seriedad. Es el intento de quien quiere ser oído, pero no quiere
dañar a nadie. Se ha dejado, en torno a la Plaza, un espacio, una calle, una
senda, para si ocurre una emergencia, que tengan el acceso necesario; un acceso
a domicilios, a establecimientos, a las calles que acceden a la puerta del Sol.
Es el derecho a la manifestación que establece nuestra Constitución; un derecho
respetuoso. Un derecho que estaba presentando visos de cambio social y
político, como otrora lo tuviera el 15-M. Son esos cambios que señalan un antes
y un después.
Segundo
acto: aparece en escena un nuevo personaje. No sé si de hoy o de ayer, o venido
de una “divina comedia”, que se ha perdido en el escenario. El apuntador, desde
su concha, anuncia su presencia. Es Almeida el regidor de ese espacio. Levanta
su voz, más que como regidor, como alguacil de Berlanga, con su trompetilla, y
advierte, que los acampados son un peligro; son violentos; están armados;
tienen adoquines, hornillos y cuchillos de gran tamaño. “Están armados”, sí, solo
les falta “el gas pimienta”, porque se lo ha llevado Matelda, en su viaje al
infierno.
Aquí,
se ha invertido el orden: infierno, purgatorio y paraíso. En el tercer acto
aparecen, los abanderados de la patria; los defensores de España; los “mucho
españoles”. Aparecen al toque del alguacil. No. No vienen a conducirnos al
paraíso. Vienen a sembrar el infierno; vienen a enseñarnos el caos en que Sánchez
lo ha convertido todo. Vienen claramente a conducirnos al infierno. Quizá consentidos
por Caronte, y guiados por Pluto, para que vayamos directos a las llamas del
infierno, mientras los partidarios y emisarios de Pluto vuelen a sus anchas, a
su “paraíso”.
Julio García-Casarrubios Sainz
http://juliocasarrubios.blogspot.com