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El
futuro será mejor
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Empiezo a pensar que
nos están engañando; y no quiero. Me entristece pensar que podríamos estar
repitiendo la gran mentira del 11-M. Me aflige observar que alguien podría
estar aprovechando la tragedia para sacarle rédito político. Me cabrea observar
la forma de echarse los unos a los otros la culpa de los errores. Me disgusta
que se priorice el enfrentamiento, a sacar conclusiones del atentado. Me
avergüenza, me entristece que ciertos medios se dediquen a echar leña al fuego.
No quiero situarme
en la exageración, pero me imagino al vecino de mi rellano y yo, enfrentados
por un desacuerdo de comunidad, y que no seamos capaces de olvidar nuestras
desavenencias a la hora a afrontar el peligro de que la vivienda se nos
incendia, se nos hunde. ¿Alguien con sentido común se imagina esa grosera
situación? Pues está pasando; aquí; sí; en nuestra comunidad; en nuestro país.
Alguien hace años introdujo esa forma de hacer política, que no hemos sabido
sacudirnos de ella. Se ha extendido como mal endémico, como macha de aceite.
El presidente del
Gobierno al final del Consejo de Ministros del viernes 25, en una comparecencia
inusual declara: "Aparcar
las diferencias nos hace grandes y fuertes, la unidad de los demócratas provoca
la desesperanza de los terroristas, la unidad es lo que merecen las víctimas y
lo que quieren los ciudadanos". Eso es lo que esperamos oír de nuestro
presidente. ¿Postureo, cinismo? Ojalá y sea así a partir de ahora. El problema
es la falta de credibilidad. Porque esa actitud dista mucho de lo que hemos
percibido; dista mucho de ciertos políticos, de ciertos posicionamientos y
sobre todo de algunos púlpitos mediáticos.
Lo de Puigdemont es de libro Guines. La mejor forma de
demostrar que no se tiene razón es tener que mentir para apoyar argumentos. Se
ha ido a Estados Unidos, concretamente al periódico The New York Times, a venderles la fábula de que España los tiene
oprimidos. No les ha dicho que Cataluña es la región con más autonomía de
Europa; no les ha hablado de la corrupción de su partido. Y, el no va más:
aprovecha los atentados para dar muestras ante el mundo de que la Generalitat
es capaz de defenderse como un Estado. ¡Todo mentira!
Julio García-Casarrubios Sainz
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