sábado, 2 de septiembre de 2017


El fracaso escolar



El fracaso escolar debe ser uno de los puntos básicos para iniciar el estudio de lo que pasa en España. Se ha hecho muchísima demagogia y más populismo con el concepto “Fracaso Escolar”. Como todo en la estrategia política actual se utiliza de forma interesada y no se utiliza para remediar el problema, que no es menor. Es uno de los problemas, por no decir el más grave, de nuestro sistema. Tener un índice de fracaso escolar en torno al 22 %, cuando la media europea ronda el 11 %, es para tomárselo muy en serio, y no para utilizarlo como arma arrojadiza.

La derecha siempre ha dado muestras de no importarle mucho la formación de los ciudadanos; vamos que la Educación nunca ha sido su prioridad, aunque de boquilla digan lo contrario. Siempre ha flotado, siempre se ha dicho, desde hace siglos, en el ambiente de la derecha, que una ciudadanía con escasa formación es más manejable. Basta como prueba el hecho de siempre que tienen ocasión imponen barreras selectivas para dejar fuera del sistema “a los que no sirven”.

Y desde la izquierda, los avances han sido considerables, pero no suficientes. Ha sido, es, muy bueno la extensión de la obligatoriedad y la universalización de la enseñanza. Pero es un proceso, que precisamente por su importancia, no puede ir solo, debe ir acompañado de adaptaciones a la nueva situación. Si a las generaciones de alumnos que llevamos a las aulas a la fuerza, sin darles la oportunidad de ir o no ir, les aplicamos los mismos criterios didácticos, que a las generaciones anteriores que iban solo los que voluntariamente optaban, el fracaso está cantado. A nadie le puede extrañar. No sé como no es mayor el fracaso.

El fracaso no se produce solo en el interior de las aulas. Se produce dentro y fuera. El profesor Xavier Raurinch en su estudio sobre “Desigualdad, movilidad social, esfuerzo y educación” analiza la influencia del nivel de estudios de los padres en relación al fracaso de sus hijos. En España el 57 % de los padres no tienen otros estudios que los obligatorios, mientras que en Alemania el porcentaje baja al 16 %.

Entonces si es una circunstancia externa al sistema, ¿qué podemos hacer desde la escuela? Mucho. Si en nuestras aulas en lugar de poner exámenes y más exámenes, notas y más notas, si no hacemos más que poner barreras selectivas, si en lugar de todas esas medidas pusiéramos un sistema que motive, que ilusione, que al alumno le entren ganas de saber, que sea él el protagonista, ese chico aspirará a tener otros estudios, y cuando sea padre ayudará al sistema educativo. Si no esa bola se hará cada vez más indigesta; los índices de fracaso no mejorarán. El sistema se retroalimenta.

Julio García-Casarrubios Sainz
                                                                                  Valdepeñas. Ciudad-Real

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