El fracaso
escolar
El fracaso escolar debe
ser uno de los puntos básicos para iniciar el estudio de lo que pasa en España.
Se ha hecho muchísima demagogia y más populismo con el concepto “Fracaso
Escolar”. Como todo en la estrategia política actual se utiliza de forma
interesada y no se utiliza para remediar el problema, que no es menor. Es uno
de los problemas, por no decir el más grave, de nuestro sistema. Tener un
índice de fracaso escolar en torno al 22 %, cuando la media europea ronda el 11
%, es para tomárselo muy en serio, y no para utilizarlo como arma arrojadiza.
La derecha siempre ha
dado muestras de no importarle mucho la formación de los ciudadanos; vamos que
la Educación nunca ha sido su prioridad, aunque de boquilla digan lo contrario.
Siempre ha flotado, siempre se ha dicho, desde hace siglos, en el ambiente de
la derecha, que una ciudadanía con escasa formación es más manejable. Basta
como prueba el hecho de siempre que tienen ocasión imponen barreras selectivas
para dejar fuera del sistema “a los que no sirven”.
Y desde la izquierda,
los avances han sido considerables, pero no suficientes. Ha sido, es, muy bueno
la extensión de la obligatoriedad y la universalización de la enseñanza. Pero
es un proceso, que precisamente por su importancia, no puede ir solo, debe ir
acompañado de adaptaciones a la nueva situación. Si a las generaciones de
alumnos que llevamos a las aulas a la fuerza, sin darles la oportunidad de ir o
no ir, les aplicamos los mismos criterios didácticos, que a las generaciones
anteriores que iban solo los que voluntariamente optaban, el fracaso está
cantado. A nadie le puede extrañar. No sé como no es mayor el fracaso.
El fracaso no se produce
solo en el interior de las aulas. Se produce dentro y fuera. El profesor Xavier
Raurinch en su estudio sobre “Desigualdad, movilidad social, esfuerzo y
educación” analiza la influencia del nivel de estudios de los padres en
relación al fracaso de sus hijos. En España el 57 % de los padres no tienen
otros estudios que los obligatorios, mientras que en Alemania el porcentaje
baja al 16 %.
Entonces si es una
circunstancia externa al sistema, ¿qué podemos hacer desde la escuela? Mucho.
Si en nuestras aulas en lugar de poner exámenes y más exámenes, notas y más
notas, si no hacemos más que poner barreras selectivas, si en lugar de todas
esas medidas pusiéramos un sistema que motive, que ilusione, que al alumno le
entren ganas de saber, que sea él el protagonista, ese chico aspirará a tener
otros estudios, y cuando sea padre ayudará al sistema educativo. Si no esa bola
se hará cada vez más indigesta; los índices de fracaso no mejorarán. El sistema
se retroalimenta.
Julio
García-Casarrubios Sainz
Valdepeñas.
Ciudad-Real
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