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El
futuro será mejor
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Se están librando
dos batallas en el mismo escenario: una legalista y otra social. La primera es
la más fácil de librar; basta con echar mano de la Ley, y de ahí extraer el
material para construirse el arma y el escudo que mejor se ajusten a la
realidad, a la necesidad. Así gana cualquiera. A eso se llama jugar, batallar
en este caso, con ventaja. No discuto que tiene su mérito. Tienes que tener la
Ley de tu parte y tienes que saber aplicarla. De acuerdo. Pero es la batalla
más fácil. La victoria es segura.
El gran problema, la
gran dificultad, que emana en la cuestión catalana, es que esta batalla se da
conjuntamente con otra, más social, más civil, más política. Y por tanto más
sutil; mucho más difícil de manejar; y en consecuencia más difícil de ganar.
Dos batallas claramente diferenciadas, pero conectadas dentro de la misma
operación y en el mismo escenario. La primera, muy fácil a la hora de proclamar
a un vencedor; pero en la segunda no hay, no habrá un claro vencedor. No puede
haber vencedores y vencidos. Habrá que sentarse a cambiar cromos, y el más
listo, el más hábil, se llevará más cromos. Pero ojo, que uno no intente
llevárselos todos, porque fracasará.
El batallón dirigido
por el coronel Puigdemont, sucesor Artur Mas, y máximo culpable de todo lo que
está ocurriendo, tiene la batalla legal perdida. Ha cometido el error
imperdonable de saltarse la legalidad, y así no se puede ir a ninguna parte.
Clarísimo perdedor. El ganador será el batallón encabezado por el general
Rajoy. Tiene todas las cartas a su favor. Pero no olvidemos: hay dos batallas,
y por tanto la victoria final no es fácil de pronosticar. Lo que sí está claro
es el perdedor: la sociedad catalana, en primer lugar, y también, la del resto
de España.
Respecto a la
batalla social, a la política, los dos batallones dirigidos por ambos jefes,
han hecho trampa en el juego; han cometido el error de hacer de los sentimientos
su escenario de lucha, con el único fin de salvaguardar su liderazgo. Ha sido
un error, además de indecente, gravísimo. Han dejado el campo de batalla minado
con la gran dificultad de como limpiarlo ahora. Solo cabe una solución: que
ambos batallones cambien a su jefe; cojan las riendas otros nuevos, se den una
tregua, y empiecen desde cero. Alrededor de una mesa y no en el campo de
batalla. No hay otra.
Julio García-Casarrubios Sainz
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