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Tercera
Etapa Socialista
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No me acuerdo si era
un cuento, una novela, o una película. Pero más o menos, se trataba de una
historia que me impactó: Un niño de familia rica, que acudía al colegio en
coche; lo llevaban trabajadores de su casa; llevaba cazadora de marca; unas
deportivas, distintas a las “tórtolas” que llevaban la mayoría; tenía el plumier
con más lapiceros de colores que nadie. Lo peor es que coincidía con un déficit
muy acusado de “educación para la ciudadanía”. Más o menos, ese era su semblante.
Y para mayor INRI era
el dueño del balón con el que jugaban al futbol en el patio de recreo. De tal
forma, que solo jugaban los que él quería; él organizaba, quitaba y ponía, y
situaba a cada cual en el puesto de juego que consideraba más adecuado. Llegaba
hasta decidir, si había sido gol o no; si había sido falta o no. Cuento o
realidad, que nos podemos imaginar; víctimas o protagonistas del escenario; más
o menos exagerado, pero una realidad virtual que en demasiadas ocasiones se
hace real; entre chicos de colegio, o entre personas mayores, con el mismo
perfil y similares circunstancias. En el colegio, en la calle, en el trabajo,
en la política.
No es una caricatura;
no tiene rasgos acusadores; lo estamos viendo en la política. Más o menos localizada,
más o menos extendida, pero la vemos en toda su crudeza. Una realidad que se contagia.
Se contagia como una pandemia. Y por el camino van dejando imitadores,
seguidores que lo aplauden hasta la saciedad. Pobres imitadores que aspiran a
ser como el original. Aunque no valgan para eso, pero lo desean; aunque no tengan
ni las zapatillas, ni el plumier, ni el balón. Pero están convencidos de que,
sin tener nada de eso, pueden llegar a ser como ellos.
Ni el niño rico, ni
sus imitadores, llegarán a ser líderes de una colectividad, porque el liderazgo
es para dirigir, -sí-, pero también para solucionar los problemas de los demás.
Si solo ha pensado en su motivación, porque se cree superior, y más poderoso, flaco
favor hará a la sociedad. No es mejor el más rico, sino el que mejor sabe
administrar la riqueza de todos. Y si la sociedad le permite que dirija guiado
por la ley del más fuerte, esa sociedad terminará siendo la perjudicada. ¡Ah! Se
me había olvidado: aquel niño se llamaba Donald Trump, y sus imitadores no los
cito porque ocuparía mucho espacio. Si lo permitimos seremos los dañados y los culpables.
Julio García-Casarrubios Sainz
http://juliocasarrubios.blogspot.com